CREA | ULSA Oaxaca

Sin nadie que te recuerde

En la esquina, la única mujer que ahora aguarda por ti es la muerte, que se acerca con cada hora. Son sus pasos los que escuchas contra el adoquín; es su mirada el aire helado de esta noche, y es su indiferencia la última que verás con esos ojos que solían ser tan alegres.

Por abandono pecaste, y bendita la justicia que te dejó agonizando tres días en el portal de aquella que quisiste como no pudiste querer a tu familia, sabiendo que traicionabas tus votos, sabiendo que me dejabas sin un padre y que me aferré a tus pasos esperando que te quedaras. Pero pecaste antes de ingenuo; creíste en el amor y el amor te dejó con los huesos destrozados y la cabeza abierta, sangrante. Ahora que te hayas en ese portal con la cabeza punzando en un eterno chillido que te devora los sesos, te cuesta hilar las palabras, darles sentido. La sangre tibia que escurre por tu frente y que al final de la noche caerá en gotas fúnebres sobre tu cara es la que te dice que estás muriendo.

Dirás que no actuaste queriendo dañar. Pero aquí está la diferencia: porque amaste a muchas, pero mi madre no tenía que pagar por ello. Te casaste con ella jurando lealtad, y lealtad te tendremos porque lo exige la sangre y lo grita el deber. Por obligación y luto te pagaremos el entierro y rezáremos sobre tu cuerpo, para que el llanto violento del abandono riegue la piedra de tu sepulcro.

Cada dos de noviembre esperarás la llegada de las muchas que, según tú te amaron, pero solo llegará a limpiar la tumba aquella a la que dejaste. No por amor, no por querer; lo hará por la obligación que confiere el sacramento del matrimonio. Y cuando la muerte la reclame también a ella con la piedad que tu no viste por orgullo, iré yo a limpiar esa lápida que jura que fuiste bueno, y barreré toda la porquería que se acumula en tu tumba porque dicen que fuiste amado. Te llevaré flores sabiendo que ocupas un lugar que persona justa merece. Porque no, Amado Salvador no te corresponde. No te corresponde ni el título ni el perdón, pero sí el olvido: sin epitafio, sin velas, sin nombre ni afecto que llegue a tus restos.

Y llegará el día en que en el panteón no haya alma que te acompañe. La piedra de la tumba empezará a quebrarse ante el tiempo y tu cuerpo se habrá ido con la tierra, reclamado por las alimañas y sus asquerosidades. Entonces se hará justicia solo por decisión del tiempo que, ajeno, ofrece la misericordia de un ente sin juicio. Sin nadie que te recuerde, por labor de hombre que, teniendo todo, apostó a lo que creyó amor, te habrás borrado.

Montaje fotográfico a partir de: Viejo portón: Zarateman, CC0, via Wikimedia Commons . Part of an old gravestone by Philip Halling, CC BY-SA 2.0 <https://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0>, via Wikimedia Commons

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