CREA | ULSA Oaxaca

Canto fúnebre

Alma inerte

Daniella Carreño

La llevaba en brazos hacia el erial. Cuando el extenso cielo comenzó a resplandecer intensamente, supe que había llegado a nuestro destino. Extendí la sábana blanca en un cuadro de tierra, para luego depositar el cuerpo inerte, angelical, con esa extrema blancura fantasmal que tanto la caracterizaba. Decidí juntar sus manos en plegaria y amarrarlas con un hilo apenas visible, así estas permanecerían unidas. Su cabeza giró y sentí cómo sus pies se detenían en puntas, abrió los ojos para mirarme, tan profundos como nunca antes. Mi boca se abrió, pero no pude emitir un: —Beatrice. Al instante, como una respuesta a mi súplica interna, el hilo se aflojó, liberando las manos; sus brazos se extendieron a los lados, tocando el suelo infértil del que surgió una fila interminable de flores, llenando el erial de vida. La hierba comenzó a surgir; árboles frutales llenos de manzanas y nísperos rodearon el cuerpo. Finalmente, de sus ojos brotaron lágrimas, gotas cristalinas que al rodar por sus mejillas sembraron un sauce llorón. Abracé el cuerpo convertido en tronco; sus ramas rodeaban mi espalda. Inmovilizado, me fusionó con ella hasta que el último rayo de luz impactó en mi rostro para después no ver más que oscuridad.

Ilustración a partir de: Hugo DK, CC BY 4.0 https://creativecommons.org/licenses/by/4.0, via Wikimedia Commons; Annabel Symington, CC BY 2.0 https://creativecommons.org/licenses/by/2.0, via Wikimedia Commons

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