CREA | ULSA Oaxaca

3a Experiencia La Salle A y C

Ritmos de mundo

Emiliano Cruz y Andrés Albores

Antes de la creación, cuando lo único que existía era la oscuridad y el silencio era el lenguaje del vacío, todo era calma: la misma calma de los muertos en su sueño eterno. Sin previo aviso, en medio de las fauces oscuras de la nada, un susurro rompió el balance mortal, débil e intermitente, pero con la voluntad inquebrantable de un sueño que cumplir. El susurro se hizo más fuerte, más armonioso y cuando se podía escuchar el compás hasta el rincón más oscuro del vacío, se hizo la luz, y con ella la música: la melodía del génesis.

La música ha sido desde el comienzo de los tiempos algo más que notas melódicas tocadas en un orden específico: es algo propio de la naturaleza humana. En toda la historia de la humanidad no ha habido una sola cultura que no haya generado música. En ella se plasma la identidad de quienes la tocan, sus anhelos y sueños, así como sus miedos y preocupaciones; con la música celebran la vida y lloran la muerte. No se puede contar nuestra historia sin la música, y la Tercera Experiencia La Salle fue prueba de ello.

Los días martes 11 y miércoles 12 de noviembre del 2025 el Grupo Representativo de Banda de Música —conformado por las secciones de aliento madera, aliento metal y percusiones bajo la dirección del maestro Juan Limeta Aquino— ofreció en el Gimnasio Auditorio de la Universidad La Salle la experiencia “Ritmos del Mundo”: una presentación musical que podríamos dividir en un paseo por melodías provenientes de Europa hasta trasladar al público a América y el surgimiento de los ritmos latinos.

De esta manera, la melodía que inauguró la experiencia fue la obra Alte Kameraden o Viejos Camaradas, una marcha militar de la Prusia de 1889 creada por el compositor, policía y militar, Carl Teike mientras se encontraba en servicio. Si bien —de acuerdo al sitio Solano Infante (s.f)— Viejos Camaradas fue una composición rechazada por sus superiores, es un hecho que, a pesar del juicio de estos, con el paso del tiempo se transformó en una de las más famosas del mundo.

Al igual que los himnos, las orquestas forman parte memorable y característica de la vida musical en los ámbitos militares; por ello, Viejos camaradas es una melodía que al ser escuchada evoca la vida militar. Su ritmo binario y su fácil sincronización, inevitablemente lleva a imaginarse una marcha acompañada de su respectiva orquesta.

La presentación continuó con un vals de la Prusia de 1867 escrito por Johann Strauss y la Danza Húngara número 5. Escrita a mediados del siglo XIX por Brahms, es una pieza llena de energía rítmica, inspirada en la música folclórica gitana húngara que genera contrastes entre un ritmo calmado y el paso a un ritmo más agitado, más bailable, espontáneo y festivo. Podría considerarse que su estructura se basa en cambios inesperados generando un dinamismo a la vez narrativo y contagioso.

A continuación, trasladando el programa a América se presentó Que rico el mambo del cubano nacionalizado mexicano Dámaso Pérez Prado. Es una melodía cuyo carácter es enérgico, festivo y rítmico, lleno de patrones y ciertos acentos que vienen de los alientos metales; no obstante, a diferencia de la Danza Húngara, el mambo es menos narrativo y más corporal.

En este sentido, la segunda sección de la presentación abordó el género del son y la cumbia. Así, entre valses europeos, danzas húngaras, mambos, sones y cumbias, pese a que el público no se mantuvo muy enérgico frente al estímulo de la música, Ritmos del Mundo fue un recordatorio de que algunas historias pueden contarse a través del sonido. En el transcurso de la presentación se recorrieron distintas épocas y geografías, subrayando que mientras exista quien toque, quien escuche y quien sienta, la música seguirá ilustrando y creando mundos.

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