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Arquitectura y minimalismo

Usted es un arquitecto.

Sí, usted, y no mire a la pantalla con rostro sorprendido. Al final de este ensayo seguramente la idea se asiente con una profundidad voraz en su cabeza; me dirá que no puede serlo sin haber estudiado para ello, pero he aquí donde creo que, en efecto, usted goza de los sentidos para, si no llamarse arquitecto, sí para ser un eje fundamental de tal disciplina.

Pero no imagine por favor que esto se trata de un análisis a profundidad de aquellos gigantes de acero, concreto y vidrio que ya deben haberse vuelto volúmenes sólidos en su imaginación; ahora se ha visto descubierto y pretenderá esconder esos bloques cuadrangulares; pero este no es sino un momento para pensar más allá, para explorar un tema del que seguramente sabe mucho, aunque inconscientemente.

Piense en las necesidades mínimas: a ellas debemos acudir los arquitectos a la hora de empezar un proyecto. Me habla de necesidades fisiológicas: todas ellas ocurren repetidamente en este momento que llamaremos habitar. Me explico: necesidades como dormir, descansar y gozar de momentos de ocio ocurren en la zona privada; la zona pública, en cambio, está diseñada para la convivencia con más personas, con una zona de servicios destinada a la preparación de alimentos, la higiene y la limpieza del hogar. Para todas existen medidas mínimas de circulación y utilización del espacio, pero reduzcamos esto a lo verdaderamente mínimo.

Cuando le digo lo mínimo, tenga claro que no me refiero a un concepto de vacío estéril que limita y reduce la naturaleza del ser humano a mal vivir en espacios indignos, sino a un concepto en donde los objetos y la distribución de los mismos se transforman en elementos con un objetivo claro, con funciones específicas que enriquecen la espacialidad. Podemos afirmar, de tal modo, que:

el pensamiento minimalista parte de lo básico, lo funcional, lo intuitivo, y se va enriqueciendo con el toque personal y artístico de quien lo concibe; de esta forma, el actuar de un niño de meses se parece a una actitud minimalista: las cosas que dice y hace son elementales, pero están rodeadas de gracia y belleza (Pazos, 2008).

Usted sabe que, desde su concepción a inicios del siglo XX, la arquitectura moderna estuvo íntimamente ligada con la escultura y la pintura; de ahí que diversas vanguardias artísticas como De Stijl, el Expresionismo o el Modernismo español se transformaran, por necesidad, en construcciones que expresaran no solo un momento histórico, sino también el pensamiento específico de una sociedad.

En materia de utilidad y forma que abarca un espacio, usted puede comprender esta arquitectura como aquella que

destaca por romper con la tradición arquitectónica del siglo XIX; los materiales y sus cualidades se cuestionan, los elementos estructurales desaparecen y conceptos como el zócalo o la relación entre interior y exterior se reinterpretan, resaltando premisas minimalistas como el rigor geométrico o la imagen tautológica (Maqueda, 2018).

Es decir, en arquitectura se retoma la acción básica del habitar, que se traduce a la forma en que se vive un espacio y se toma este como eje rector de todo aquello que se construye y planifica. Ahora ha cobrado sentido aquello que le he mencionado, usted como aquello central en la arquitectura, pues usted y solo usted es quien habitará aquel espacio. ¿Quiere un ejemplo?

Bauhaus. Walter Gropius

Podría usted comprender en una sola idea la famosa caja como culminación del esbozo mínimo para un espacio, en un momento primario que se desprende del habitar en su sola esencia: estar como concepto básico al que la arquitectura debe responder en forma de ejes lineales, materiales lisos, que no abarquen en el espacio mayor importancia que la que tiene la función en sí como materia básica del contenedor. Eso le ha dicho usted a sus contemporáneos en una de sus teorías más famosas, pero como únicamente se ha tratado de un ejercicio imaginativo no tendrá reconocimiento por ello, contrario a la atención que recibieron los arquitectos funcionalistas que generaron tendencia aunque

las raíces del funcionalismo podrían buscarse en las críticas a la ornamentación de Marc-Antoine Laugier en el S. XVIII, en los orígenes de la industrialización (…) Era una simplificación cómoda y eficaz que hizo fortuna cuando el público profesional y los medios se apropiaron y divulgaron la máxima que Sullivan publicó a finales del XIX: ‘la forma sigue a la función.

Vuelva al ejercicio imaginativo, pero esta vez para ajustarnos a una cronología que ayude a comprender la evolución de estos conceptos:

1919: Fundación de la reconocida escuela de arte y arquitectura Bauhaus. Walter Gropius y Peter Behrens ponen las bases del modernismo en la arquitectura en programas que animaban la creatividad y la exploración de todas las artes.

1922: Primeros proyectos funcionalistas no construidos del arquitecto alemán Mies van der Rohe. Sí, el mismo de la famosa frase menos es más, quien fue catedrático de la Bauhaus.

1925: Publicación de los Cinco puntos de la arquitectura moderna de Le Corbusier. Simultáneamente Mies construye sus primeras villas modernas.

La perspectiva desde la cual se exige que la función dote al espacio de significado no es nueva. Imagínese por un momento como uno de los arquitectos del siglo XX que, tras un marco de austeridad derivado de la Primera Guerra Mundial buscara con sus construcciones llevar la necesidad de ahorro que dejaba una Europa en recuperación económica para dar con una idea de cómo se encontrarán los materiales industriales con las formas geométricas y así dar paso a un momento tridimensional que concreta un espacio y acción específicas como propósito de la volumetría.

Debo recordarle que algunos de los arquitectos más reconocidos por décadas tuvieron problemas a la hora de asociar sus ideas en materia de concepto y orden con construcciones que realmente sirviesen al propósito con el que fueron pensadas; Le Corbusier —cuyo nombre real es Charles-Édouard Jeanneret-Gris— no empezó su carrera como el teórico funcionalista al que muchos parecen colocar en el pedestal de la arquitectura moderna. Inició diseñando en 1912 una casa para sus padres, que sería vendida a los 7 años de su inauguración por los altos costos de mantenimiento que exigía la construcción. Le invito a buscarla en internet y comparar las diferencias abismales con sus obras más reconocidas.

Farnsworth house. Mies van der Rohe

Hay obras como la Casa Farnsworth que resultó en una demanda contra de Mies van der Rohe cuando Edith Farnsworth, la cliente, declaró en periódicos, revistas y tribunales la decepción que le había generado haber encargado el proyecto al arquitecto, pues la caja de cristal que le habían entregado junto con el aumento en costes por la construcción y calefacción resultaban en una casa imposible de habitar. Juzgará usted si realmente las acusaciones tenían lugar, considerando esta obra como la reducción máxima de elementos de la mano de los principios del Estilo Internacional. Si además se suman a esto los rumores de una supuesta relación entre el arquitecto y la doctora Farnsworth, este se volvió uno de los casos más controversiales de la arquitectura moderna, como una obra que termina por no cumplir el propósito de habitabilidad sino como expresión de los ideales de un arquitecto y un estilo.

La frase menos es más, adoptada bajo nuevos estándares y aplicaciones a diversas áreas, se vio prontamente aceptada en diversos ámbitos, como lo vemos hoy en día en el interiorismo, donde se busca acentuar la pureza de los espacios y el equilibrio de los elementos.

Ahora ya puede usted concluir que el minimalismo sigue vigente a través de la exploración de diversas propuestas arquitectónicas y de la amalgama de situaciones que llevaron de la reducción de los elementos utilizados en la arquitectura —cuestionando un historicismo fuertemente arraigado que requirió de momentos que sacudieran lo establecido— hasta llegar al funcionalismo, que tuvo un fuerte impacto en cómo se concibieron los edificios de uso público y privado. En este sentido, seguimos explorando el minimalismo no solo como vanguardia arquitectónica, sino también como un estilo de vida que lleva a la mínima utilización de elementos funcionales y decorativos en espacios tanto interiores como exteriores, y el aprovechamiento de los espacios y materiales naturales.

Capilla en el Agua. Tadao Ando

De la mano de los desarrollos actuales se busca llegar a un encuentro entre el humanismo y los ideales de la arquitectura; ahora usted ha llegado al punto en el que se encuentra analizando si este giro hacia la persona como principio fundamental de la arquitectura es posible. Y está en lo cierto, actualmente se busca retomar el uso de materiales y técnicas tradicionales junto con un entendimiento del sujeto como aquel que va a vivir el espacio y que le dota de sentido a aquello que hacemos. La arquitectura no solo busca poner en pie obras estéticas, sino que obedece a un sentido básico del ser humano: estar como eje fundamental para la concepción de los espacios.

REFERENCIAS:

González Llavona, A. (2018). Funcionalismo y delito.

Maqueda Muñoz, J. (2018). Transferencias entre dominios: del minimalismo a la arquitectura.

Pazos, E. D. (2008). Arquitectura minimalista. Agenda Cultural Alma Máter.

Créditos fotográficos:

Bauhaus: A.Savin, FAL, via Wikimedia Commons

Farnsworth house: marco 2000, CC BY-SA 2.0 <https://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0>, via Wikimedia Commons

Church Water: 準建築人手札網站 Forgemind ArchiMedia, CC BY 2.0 <https://creativecommons.org/licenses/by/2.0>, via Wikimedia Commons

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