Acotar el pensamiento

En esta microrevista, llena de microrrelatos, microcuentos, de escalas y la reducción de la reducción, también se asoman algunas micro verdades —así, con S— plurales y diversas. Desde este lado del mundo, cuando se habla de micro verdades, es inevitable pensar en aquellas expresiones populares destinadas a describir, dar consejo o transmitir enseñanza conocidas como dichos y que conforman parte de la tradición oral.
No obstante, la tradición europea occidental manifestó expresiones desde la Grecia clásica como un género literario y nominado de manera distinta: el aforismo, una sentencia breve y contundente que busca expresar una idea, principio o verdad filosófica, moral o científica. En su momento se asoció a la poesía, pero posteriores estudios determinaron que estas pequeñas sentencias tenían distinción propia como para asumirse un género en sí. El aforismo ha acompañado por milenios a la humanidad y en la actualidad agrada; es corto, memorable y ofrece conocimiento en su manera más abstracta. A lo largo de la historia de la filosofía, muchos autores han expresado su pensamiento mediante aforismos:
Heráclito Marco Aurelio Bacon Nietzsche Schopenhauer Wittgenstein
El aforismo se distingue por acotar, por dibujar un espacio y establecer la frontera de un pensamiento de forma precisa; entendiendo frontera por lo que etimológicamente refiere según Bonnett (2016), una tierra frente a otra, concepto que será preciso recordar. Es esa precisión la que hace resaltar su texto, lo engrandece. Además, ejerce una acción cognitiva compleja, que consiste en destilar la información esencial de un contenido para reestructurar y comunicar de manera breve y coherente; es decir, la síntesis.
Es curioso que la síntesis, la reducción a términos breves y precisos sea algo tan humano, una actividad común cuyos fines suelen distinguirse y diferenciarse según la cultura; pero la constante sería la acción de acotar el pensamiento. Existen los mantras, los dichos, los aforismos, los hikam.
Y es ahí donde reside otra parte enriquecedora de los aforismos: representan una parte de realidad, son diversos, a veces contradictorios precisamente porque son como la cultura: contextuales y diversos. Dibujan la tierra frente a otra de un pensamiento de forma precisa. Es decir, el aforismo puede construir puentes entre tierras, abstrae el conocimiento. Pero no lo encapsula y las fronteras dejan de ser límites para convertirse en posibles conexiones, diversas interpretaciones y otras visiones.
el aforismo puede construir puentes entre tierras
El presente escrito busca escapar toda pretensión de academicismo, pues los aforismos ya han sido materia de discusión académica y quizá otros puntos de vista puedan enriquecer la discusión. Ahora bien, en la actualidad, en tiempos de posverdad —entendida según la RAE como la “distorsión deliberada de la realidad, donde los hechos objetivos importan menos que las emociones, las creencias personales y la apelación a los sentimientos” (s.f)— una actualidad donde importa más las veces que se reverbera una versión de la realidad para constituir una verdad, es necesario revisar los aforismos, así como poner atención y diferenciar de los slogans.
Desde el lugar de enunciación de este escrito, es posible expresar que en un contexto dominado por la hiperconectividad de las redes sociales y atravesado por gurús de masculinidad, de amor, de finanzas, influencers de belleza, políticos populistas, extremistas y toda una serie de ismos e ideologías, vale la pena estar atentos, pues si realmente existe una fórmula ganadora, polarizante y convincente, son las soluciones simples a problemas complejos. O ¿acaso no han sido escuchados todos estos slogans durante años?: Make America great again. Patria, Familia y Libertad. Que siga la primavera. Modo Guerra. Ser una mujer de alto valor, etc.
Muchas veces estas soluciones simples vienen a modo de discurso. Hay que recordar que una frase, por más corta que sea, es un discurso, y que “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”. El presente escrito invita a mantener una mirada crítica y a recordar lo que es un aforismo, una frase que dibuja una tierra frente a otra y construye puentes, para distinguirlo de los slogans, palabra que proviene del gaélico escocés sluagh-ghairm y que significa “grito de guerra” (Cedec, pág.1), un grito que manda quemar los puentes y encapsular el todo en una sola visión.
Los slogans que actualmente rodean el ambiente, gritan, claman por nuestra atención; nuestra escucha tiene que ser crítica y nuestra memoria aguda; es necesario recordar que aquellos gritos de guerra son tan solo un intento aforístico sin la gracia del mismo. Son baratos y “lo barato sale caro”.
Cierro esta reflexión con uno de los grandes aforistas, Arthur Schopenhauer:
Hay épocas en que el progreso es reaccionario, y lo reaccionario es progresista
Referencias:
Bonnett, D. (2016). Presentación del dossier “Una mirada histórica, teórica e historiográfica sobre la frontera”. Historia Crítica. 1 (59), pp. 13-18. https://www.redalyc.org/pdf/811/81144023002.pdf
Cedec. (5 de junio de 2019). El eslogan. [Archivo PDF]. https://cedec.intef.es/wp-content/uploads/2019/06/El-eslogan.pdf
Real Academia Española. (s.f.). Posverdad. En Diccionario de la lengua española. Recuperado en 6 de junio de 2026, de https://dle.rae.es/posverdad
Créditos fotográficos
Tom Marvel, CC BY 2.0 <https://creativecommons.org/licenses/by/2.0>, via Wikimedia Commons