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Arte minimalista

¿Qué es eso a lo que llamamos una vida simple? Muchos pensamos en una cotidianidad sencilla; sin dramatismos, sin problemas, nada exuberante; o pensamos en una casa simple, sin nada de exageración en sus paredes, solo una sencillez ordenada que no deslumbra, sino que relaja. En el fondo, este deseo cotidiano comparte la misma esencia del minimalismo: un movimiento artístico y filosófico que nació exactamente para controlar el caos de la vida, reduciendo el entorno a lo esencial y auténtico.

El minimalismo no nació de la nada ni se limitó a ser una respuesta simple a la posguerra del siglo XX. Es más bien una combinación de influencias tan diversas como la rigidez geométrica del ferrocarril de Pennsylvania o el automatismo del surrealismo de André Breton. A este complejo entrelazado se añade la frialdad estética y matemática del modernismo Bauhaus, y la contribución del constructivismo ruso. En su libro ¿Qué estás mirando?, William Gompertz menciona que toda esta herencia intelectual fue la base de objetos que, en medio de las convulsas protestas de los años sesenta, fueron como la antítesis perfecta del ruido del mundo: un refugio de contención, objetividad y pura contemplación intelectual.

Refiriéndose al arte producido por los minimalistas Gompertz afirma:

no se distingue en nada del producto en cualquier otra época: el arte en cierto modo, siempre busca la creación de un orden a partir de un caos. (p.370)

En el minimalismo desaparece por completo la fantasía romántica del artista solitario que con sangre y sudor esculpe un bloque de piedra. Sus autores se comportaron más como un arquitecto o un diseñador industrial: trazaban planos con precisión obsesiva, daban órdenes, controlaban una producción que al fin se deslizaba entre los talleres metalúrgicos y las manos técnicas. Esa distancia no pretendía la deshumanización del artista, sino que tenía un propósito más profundo: eliminar cualquier rastro de subjetividad, autoría o expresión personal en la obra. Al volver invisible la mano del artista, los minimalistas emancipan el objeto de los mitos románticos, obligando a quien lo contempla a lidiar de forma pura y directa con la materia que tiene enfrente. Gompertz continúa diciendo que

al igual que los artistas pop estadounidenses, querían eliminar todo rastro de sí mismos, emancipar su obra de cualquier expresión personal, de subjetividad o autoría.

Donald Judd fue un artista importante en el minimalismo, conocido por dejar sin título sus obras, pues junto con otros minimalistas creía que se debía eliminar todo detalle superfluo. Judd creía que el problema de un cuadro se debe a que el espectador separa el lienzo de la imagen pintada, inconscientemente; él buscaba un objeto único donde el soporte y la superficie fueran uno solo, como experimentamos la unidad de una tela cuando nos ponemos una camisa. *Su filosofía radica en liberar al espectador de la fatiga de la interpretación, obligándolo a habitar y sentir el momento presente a través de una experiencia estética pura y directa.

Judd ha rehuido todo aquello que pudiera interferir con la naturaleza de los materiales o alejar al espectador de una experiencia visual pura. (Gompertz, p. 374)

Donald Judd: Untitled, Marfa Texas.

Esta misma urgencia de eliminar la ilusión y el drama emocional se trasladó a la pintura con Frank Stella, cuyo lema era lo que ves es lo que ves. Stella introdujo un rigor conceptual absoluto; todo se planificaba de forma racional antes de aplicar el color, la simetría y la geometría concéntrica para que la obra fuera idéntica en todas partes. Su impacto fue tan grande que cambió por completo el rumbo de Carl Andre, quien pronto empezó a resignificar sus obras como un recordatorio de que el arte minimalista no se trata de partes aisladas, sino de la totalidad del entorno que habitamos.

Esta corriente ha dejado una huella permanente en nuestras vidas cotidianas. En la búsqueda de una vida menos ostentosa hemos empezado a construir una vida simple, basada en el anhelo de lo esencial. En el arte, la arquitectura, la literatura, hemos aprendido a apreciar el minimalismo como una claridad mental al encontrarnos en espacios desprovistos de ruido visual, de gran economía de medios.

Acercarnos al minimalismo como mexicanos puede ser muchas veces contradictorio, pues nuestra cultura está llena de color, ruido visual y excesos. Lo podemos apreciar en lugares como los mercados, los tianguis, las calles y hasta nuestras propias casas. Cada uno de ellos forma parte de nuestra cotidianidad, cultura e identidad. ¿Qué sería México sin sus colores?

Entonces, ¿cómo el minimalismo ha influido en México? El minimalismo mexicano es una corriente de diseño que fusiona la estética minimalista con elementos culturales y materiales autóctonos de México. Aunque el minimalismo como tal tiene sus raíces en movimientos artísticos y arquitectónicos del siglo XX como el Bauhaus o el diseño escandinavo, la versión mexicana incorpora una sensibilidad única que refleja la historia y la identidad del país.

Algo que siempre ha caracterizado a México es la manera en cómo se han reinterpretado corrientes artísticas para transformarlas a una identidad propia. Sucedió con el barroco novohispano, con el muralismo y el surrealismo. El minimalismo no se quedó atrás; México reinterpreta los valores de la corriente y las transforma en un reflejo de nuestra cultura sin perder la visión original.

El minimalismo nos ayuda a tener claridad en nuestras vidas. No siempre tenemos que estar rodeados de ornamentación y colores; también podemos darnos un descanso de todo esto y apreciar una vida simple que valora lo esencial. Y así como nos enseñaron los maestros del minimalismo, a veces despojarnos de los excesos es la forma más pura de reencontrarnos con el presente.

Referencias:

Sienra, R. (2022). ¿Qué es el minimalismo? Conoce la historia y las particularidades de esta corriente estética. My Modern Met En Español. https://mymodernmet.com/es/que-es-minimalismo-definicion/

Gompertz, W. (2013). Minimalismo. En ¿Qué estás mirando? 150 años de arte moderno en un abrir y cerrar de ojos (pp. 369-378). Editorial Taurus.

Créditos fotográficos:

MARFA: Nan Palmero from San Antonio, TX, USA, CC BY 2.0 <https://creativecommons.org/licenses/by/2.0>, via Wikimedia Commons

FLAVIN: Dean Hochman, CC BY 2.0 <https://creativecommons.org/licenses/by/2.0>, via Wikimedia Commons

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