2ª Experiencia La Salle AC

Fotografías: Aurelio Ninandii, Comunicación Institucional
Después de 7 largas horas de clases, la Segunda Experiencia llegó como un segundo aire para las y los estudiantes de segundo semestre de licenciatura que, a pesar del cansancio físico y mental posterior de la jornada escolar, disfrutaron de la Experiencia en el Gimnasio Auditorio como si de una verdadera vela istmeña se tratase. En las dos funciones anteriores habían ya presenciado el espectáculo las chicas y chicos de primer y segundo año de Bachillerato.
La Segunda Experiencia La Salle de Arte y Cultura abordó las tan famosas Velas istmeñas como tema central de su programa. Los Grupos Representativos de Guitarra y voz, Acordeón y Banda de música —a través de una cuidada selección de canciones— recrearon una de las tradiciones más importantes del Istmo de Tehuantepec, ricas en color, sabor y texturas culturales. Cabe resaltar que tuvimos la oportunidad de presenciar como premier la propuesta cultural que participó en el Festival Lasallista de Arte y Cultura FLAC 2026.
Pero ¿qué son las velas istmeñas? Y más importante, ¿por qué nos interesan? Las velas istmeñas datan de tiempos del virreinato de la Nueva España; sin embargo, algunos historiadores y pobladores de comunidades originarias cuentan que son incluso más viejas, de cuando hombres y dioses danzaban en la misma tierra. En esta época, las velas (cuyo nombre original fue olvidado), eran fiestas para agradecerle a dioses, animales y frutos lo generosos que habían sido con ellos; los alababan con rituales, bailes y mucho ánimo, sin olvidar que eran ocasiones para compartir. Los conquistadores españoles se esforzaron para destruir estas tradiciones; más nunca imaginaron que la llama de la pasión y el festejo nunca se apagaría. Evolucionó a lo que hoy llamamos velas istmeñas.
Después de la conquista española, los frailes, al ver que jamás se olvidarían por completo las viejas costumbres, decidieron cambiar su propósito. Ya no serían fiestas para alabar a dioses que consideraban paganos, sino que se convirtieron en festejos para los santos que trajeron desde el otro lado del mundo. Es así como llegamos a nuestros días, con una celebración que sigue festejando lo más importante: la comunalidad.


Los Grupos Representativos de Guitarra y voz, Acordeón y Banda de música dieron una increíble muestra de sus habilidades al tocar temas clásicos en estas fiestas, en una demostración que no dejó indiferente a ninguno de los asistentes. Fue, en palabras de algunos espectadores, ver la tradición hecha música.



El programa recreó a todo color la tradición istmeña, respetando cada detalle de manera fidedigna, incluso aventar plásticos y dulces. Comenzó con un discurso sobre la importancia cultural de las Velas del Istmo para dar pie al espectáculo de música y baile en tres momentos: la Vela, la Regada y la Lavada de olla. Combinando colores típicos con el compás tradicional de los movimientos tan característicos, las cantantes y demás participantes se vistieron con las prendas de gala istmeñas, como enaguas de olán y huipiles de la región para bailar junto al resto de los Grupos Representativos. La Segunda Experiencia fue un evento donde la música se llenó de color, cautivando y emocionando a toda la audiencia estudiantil.
La Experiencia concluyó con la invitación vibrante para que el público bailara con la música. No solo los estudiantes pasaron al frente con gran emoción, también muchos maestros se unieron al espectáculo. Cumbias, sones, colores y personas danzaron en conjunto, disfrutando del momento, y demostrando que sin importar dónde estemos, la fiesta vive en nosotros.