Dossier

Llegué al podcast Spectrum, ensayos sobre el sonido y la escucha por recomendación del algoritmo que reconoce mi patrón de escucha de contenido ñoño. En él, la compositora y musicóloga Soledad Ruiz propone que el silencio no es otra cosa que un espacio de posibilidad. No es el vacío o la ausencia; el silencio deviene una presencia, un lugar de movimiento y un espacio de percepción auditiva. Más adelante cita al poeta místico San Juan de la Cruz que escribió: entre más silencio, más se oye.
Encuentro un paralelismo entre esto y el concepto yohaku no bi (余白の美) de la cultura japonesa, que puede traducirse como la belleza del espacio en blanco. En la ceremonia del té, en la arquitectura, en la pintura sumi-e, en el diseño de jardines y también en la poesía, yohaku no bi se trata de crear un espacio lleno de posibilidad, un vacío activo que invita a participar a quien lo experimenta. Se nutre del concepto mu (無) del budismo zen, que es el vacío fundamental de donde emergen todas las cosas, es el reino de la posibilidad pura, es la realidad esencial.
Es sabido que el compositor norteamericano John Cage entró, en 1951, a la cámara anecóica de la Universidad de Harvard buscando el silencio. Al salir concluyó que el silencio no existe; en esa cámara aislada de todo ruido exterior y que absorbe los sonidos interiores, escuchó todo el tiempo el grave fluir de su sangre y la reacción de su tímpano al silencio: un sonido agudo y persistente.

Quizá esta experiencia lo llevó a componer su pieza 4’33” para cualquier instrumento solista o combinación de instrumentos. Es una pieza en tres movimientos en la que todas las notas son silencios. Puede parecer una ocurrencia, una payasada; lo mismo se dijo de la Fuente de Marcel Duchamp. 4’33” lleva al grado cero de la estética, a ese espacio de posibilidades de escucha, a ese vacío del que todo surge. Cage nos lleva a experimentar su descubrimiento de que el silencio no existe. Durante 4 minutos y 33 segundos podremos escuchar una silla que se arrastra, la respiración del vecino, la lejana sirena de una ambulancia, una tos, la fricción del pantalón de alguien que se remueve incómodo en su asiento. Escuchamos aquello que normalmente bloqueamos de nuestra percepción, la presencia del paisaje acústico cotidiano.
No me parece una coincidencia: los artistas de la era hippie voltearon a Oriente en busca de ideas y prácticas para cuestionar el arte occidental. La filosofía hindú, el pensamiento chino, el budismo zen, la meditación y el tai chi nutrieron los procesos creativos de artistas que, como John Cage, buscaban hacer conscientes a sus escuchas y espectadores del aquí y el ahora. Otro de ellos fue Kenneth Rexroth, que introdujo el haiku y otros estilos de poesía japonesa a los Estados Unidos. Basho, el gran poeta japonés del siglo XVII dijo: haiku es simplemente lo que está sucediendo en este lugar, en este momento. En su ensayo El sendero al Japón profundo de Basho y la estética del caminar, Thomas Heyd afirma: Basho se esforzó toda su vida para que este arte pudiese producir una poesía que fuera a la vez profunda y ligera.
Los haiku son casi silencio, casi nada: tres versos sin rima, once sílabas en japonés que al hablar de ranas, pescaderías o ramas secas parecen traspasar el velo: la música del cotidiano que desemboca en lo Absoluto.

El riesgo de subrayar similitudes aparentes es siempre perder de vista el concepto profundo. Las manifestaciones del Minimal occidental pueden parecer casi iguales a un jardín japonés o a uno de sus objetos de diseño. Pero donde la motivación fundamental de las arquitecturas y los diseños que se nutren en la Bauhaus y el modernismo parte de la economía de medios, el reduccionismo y demoler la tradición, yohaku no bi se trata de una búsqueda espiritual para experimentar la claridad del vacío fundamental.
Aun fuera de la estética japonesa, la brevedad invita siempre a la concisión, a la levedad, a la concentración. Aunque la frase atribuida al arquitecto Mies van der Rohe —Less is more— tenía una connotación marcadamente funcionalista y racional para los modernistas del siglo XX, las resonancias poéticas superan la lógica instrumental. Quien escribe micro relato, filma cortometraje, hace mini print o filosofa en aforismos confía una buena parte del acto creativo a quien recibe la obra. Queda descartado lo superfluo, lo incidental, la digresión y el chisme para sugerir ese callado espacio de posibilidad donde el Todo puede ocurrir en la conjunción de la obra y quien la recibe.
Para mostrarlo, cierro con un haiku de Basho:
Es el silencio
que perfora la roca:
cantan cigarras
Referencias:
V.V.A.A. (1998) Jaikus. Grijalbo Mondadori, colección Mitos poesía. Madrid. Traducción de Antonio Cabezas
Heyd, Thomas. El sendero al Japón profundo de Basho y la estética del caminar. Revista Páginas de filosofía, año 2004, vol. 9, número 11. Universidad Nacional del Comahue, Argentina. Disponible en https://dialnet.unirioja.es/revista/23134/A/2004
Ruiz, Soledad. Spectrum. Ensayos sobre el sonido y la escucha. Disponible en: https://open.spotify.com/episode/1QbCh6bQmzDBbkvdymAMUR?si=erWSG3giQi-NEPXyWWML8g
https://www.archdaily.com/350573/happy-127th-birthday-mies-van-der-rohe
https://japaan.net/culturemindset/yohaku-minimalism-design
Créditos fotográficos:
Anecóica: Mihaelawojcik, CC BY 4.0 <https://creativecommons.org/licenses/by/4.0>, via Wikimedia Commons
Anecóica azul: Tom Marvel, CC BY 2.0 <https://creativecommons.org/licenses/by/2.0>, via Wikimedia Commons
Anecóica: Jacob Kirkegaard, CC BY-SA 4.0 <https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0>, via Wikimedia Commons
Zen meditation: Bruce Black, CC BY-SA 4.0 <https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0>, via Wikimedia Commons
Círculo y caligrafía: Bankei Yōtaku, Public domain, via Wikimedia Commons
Círculo: Thich Nhat Hanh, CC BY 4.0 <https://creativecommons.org/licenses/by/4.0>, via Wikimedia Commons
Malevich: Kazimir Malevich, Public domain, via Wikimedia Commons