FLAC 2026: Artes Visuales

Fotografías: Daniela Santos, Comunicación Institucional
El vientre
Lorena Martínez Acevedo
Integrante del Grupo Representativo de Artes Visuales
Para llegar a Ciudad Victoria desde Oaxaca se requiere recorrer 973 kilómetros y llevar consigo una motivación compartida. Este año, del 23 al 26 de abril, casi cien estudiantes de la Universidad La Salle Oaxaca nos vimos motivados por el FLAC Victoria 2026 para atravesar el país en busca de compartir nuestra creatividad y conocer una amplia diversidad de culturas. Fue así como cinco integrantes de Artes Visuales y Literarias —tres de Escritura Creativa y dos de Artes Visuales— los Grupos Representativos de Desarrollo Musical y los de Artes Escénicas, preparamos por meses piezas creativas que pudieran dialogar con la temática de El cuidado de la Casa Común.
Desde nuestra llegada hasta el último día, el FLAC se sintió como estar en una constante fiesta y celebración de la creatividad que atravesaba la vida de cada persona que habitaba el espacio. Fue como asistir a una reunión de más de mil jóvenes extasiados por la cultura, donde cada acto era más increíble que el anterior y siempre salíamos sintiendo una profunda admiración y pensando “quiero aprender a hacer eso”.
Se dice que el vientre materno es el primer ecosistema del ser humano, donde evoluciona, se alimenta, duerme y experimenta nuevas sensaciones, preparándose para enfrentar el exterior. Al nacer, su primer llanto es, además de un reflejo de supervivencia, la primera bocanada de aire que anuncia que ha salido de su zona de confort; también significa que ha nacido sano. Camino a Ciudad Victoria, después de 19 horas de viaje, mucho dormir, comer y reír dentro de la Sprinter que nos transportaba, decidimos apodarla El vientre, reconociéndola como nuestro espacio seguro en un territorio desconocido que, al igual que un bebé al nacer, experimentamos por primera vez y nos sacó de nuestra zona de confort.

Nuestro breve paso por el parador de San Luis Potosí marcó el momento en el que entendí lo lejos que estábamos. La parte trasera del restaurante principal conducía al estacionamiento: un espacio repleto de tráilers enormes, que seguramente se dirigían a Estados Unidos. Los hombres que los manejaban compartían una forma de vestir, un bigote y un corte de cabello muy similar. Mis compañeros y yo decidimos desayunar el clásico burrito norteño en la cafetería y, mientras esperábamos nuestra orden, jugamos a probarnos lentes, ver souvenirs y a tomar fotografías y vlogs para nosotros. Después de algunas horas, nuestro viaje continuó.
Lo primero que vimos al bajar de la Sprinter una vez que llegamos a Victoria fue un remedo del Cirque du Soleil: una enorme carpa azul rey, con letras iluminadas y una bocina anunciando la próxima función. Esa tarde paseamos por una plaza comercial, comimos y gastamos la mitad de nuestro presupuesto de todo el viaje en ropa, tenis y snacks. Ese par de horas bastaron para que todos los que compartíamos viaje en la Sprinter de Artes Visuales y Literarias nos conociéramos y reconociéramos como un solo equipo. Si bien el FLAC me llenó de experiencias extraordinarias, lo mejor que pudo regalarme fueron los recuerdos en su compañía, muchas risas y bailes al lado de quienes ahora puedo llamar mis amigos: Valen, Jorge, Yaretzi, Memo.
Esa misma tarde llegamos a la Universidad La Salle Victoria. La exposición de artes visuales incluyó propuestas de las delegaciones de Victoria, Saltillo, Oaxaca, Noroeste, Nezahualcóyotl y Chihuahua. Tuvo lugar en el Centro Estudiantil del Campus Norte, que alberga la cafetería y un área de descanso. Ahí no solo montamos nuestra propuesta; también fue el espacio donde conocimos a muchas personas de diferentes partes del país, intercambiamos experiencias en las artes, probamos comida local, hablamos sobre nuestras piezas, descansamos y compartimos juegos de mesa.

La comunidad de Victoria fue sumamente cálida con todas y todos: desde la bienvenida, los souvenirs que nos obsequiaron y el tiempo que se tomaban para conocer los procesos creativos de cada uno. Como he mencionado antes, se requiere de una gran motivación para viajar tan lejos y la nuestra como Representativo de Artes Visuales fue compartir lo aprendido en las sesiones de nuestro Grupo Representativo. Primeramente, la técnica de estampado botánico, que aprendimos con la artista textil Hiday Salvén, y en segunda, el arte de la cerámica que descubrimos gracias a la artista visual Guichi Neyra.

Es así como decidimos crear la pieza colectiva Ritual para habitar en una misma casa. Una instalación de piezas cerámicas construidas a partir de la metaforización ritual del vínculo que han tenido diferentes culturas del mundo con los animales. Para ello, cada integrante del Representativo eligió uno o dos animales que tuvieran un peso ritual/espiritual en alguna cultura, para posteriormente diseñar una pieza que los fusionara o les representara en el propio contexto, reflexionando así como la carga simbólica y la sacralidad que otorgamos a otras especies se transforma según la geografía; mientras que en algunos contextos ciertos seres son integrados a lo sagrado, en otros quedan reducidos a invisibilidad, el comercio o son atravesados por dinámicas de violencia especista o contextos de ecocidio. La intención de esta pieza es honrar su existencia, así como la memoria de aquellos que se han extinguido a manos del ser humano; recordarnos que, en esencia, compartimos una casa común que es nuestra Tierra.
Las obras fueron expuestas a modo de altar, teniendo como base una manta con improntas vegetales elaboradas con la técnica de estampado botánico. Encima de ella, los animales fueron distribuidos y alternados con veladoras. Durante la exposición, algunos de los comentarios más frecuentes fueron que no conocían la técnica de estampado empleada ni el proceso de cómo el barro se transforma en cerámica. He de destacar, que animales como el pulpo y el armadillo causaron gran fascinación por sus formas y detalles. En general, la pieza provocaba que las personas se detuvieran un buen rato a mirarlas, destacando de forma positiva e incentivando a los espectadores a conversar con nosotros para conocer más sobre el proceso de las piezas.


Aunque la exhibición de la obra fue todo un éxito, detrás de ella hay mucho tiempo de trabajo, así como la negociación personal entre emociones de alegría, frustración, paciencia e incertidumbre, pero sobre todo la paz y aceptación de que todo proceso creativo requiere ser atravesado por la “prueba-error”, y que, si esto se hace de forma adecuada, en esos “errores” pueden hallarse las propias soluciones o el camino a nuevas exploraciones artísticas.
Me parece esencial compartir también que en la exposición contamos con la pieza Refugio colectivo del Representativo de Fotografía. La propuesta consiste en una fotografía estenopeica compuesta por 25 hojas fotográficas multigrado en blanco y negro, aprovechando la oportunidad única del Observatorio de nuestra Universidad como cámara oscura. La obra destacó de forma notable entre el resto de las fotografías, pues fue la única elaborada con dicha técnica y revelado análogo, reflejando así la exploración que el Representativo desarrolló para llegar a su concepción y su trabajo colaborativo.

Una pieza que me sorprendió profundamente y me hizo considerar explorar nuevas áreas de lo visual fue el trabajo de nuestro Representativo de Cortometraje, quienes exploraron lo místico, crudo y ficticio mediante temas como la brujería y los secretos de lo cotidiano. Sin duda, su cortometraje Circe fue el mejor de los proyectados y reflejó la gran dedicación y creatividad que distingue a su equipo.
Asimismo, algo que cautivó mi memoria en el área de exposiciones fueron los textos del Representativo de Escritura de La Salle Nezahualcóyotl. Pude encontrar una increíble humanidad y vulnerabilidad en sus historias. He de mencionar que me sorprendió la versatilidad que tenían, pues su Representativo de Artes incluye, además de las Artes Visuales, las Escénicas.


El FLAC celebraba la cultura norteña en cada elemento que decoraba y ambientaba la sede. Lo que más disfruté fueron los grupos norteños que amenizaban en cada acto. Descubrí dos cosas: lo mucho que me gusta esa música por la particular felicidad que me despierta, y que ser extrovertida te puede llevar a situaciones muy especiales y divertidas, como cuando terminé subiendo al escenario en la inauguración para el desfile de delegaciones; o en el Teatro de la Ciudad para bailar al finalizar los musicales. Ambos momentos me recordaron lo mucho que me gusta intentar cosas nuevas y la importancia de disfrutar el momento, sin dar lugar a que la pena nos paralice.
Para finalizar, quisiera recordar la noche después de la callejoneada, donde en grupo, cansados por todas las actividades y el baile, nos aislamos un rato y comimos un burrito de frijol que hasta ahora añoro. Para ese momento, habíamos experimentado tantas cosas increíbles y nos sentíamos tan cómodos que lo último que queríamos era volver a El vientre, sabiendo que el siguiente día sería el último del FLAC. Alejarnos unos días de todo me hizo poder mirar en retrospectiva y agradecer en silencio por todas las personas, conocimientos y lugares que el Representativo de Artes Visuales, a lo largo de estos tres años, ha brindado a mi vida: en él he conocido a dos de mis mejores amigos y he descubierto una faceta propia qué cuidar y nutrir con las artes. Esta experiencia será para siempre algo que atesoraré con cariño en mis recuerdos de la universidad.